viernes, 4 de mayo de 2012

Bases de la antología, de http://www.prosadictos.com/ucp.php



Prosadictos

Literatura en español

Bases de la antología
  1. Tema abierto.
  2. Participación voluntaria.
  3. Inédito o no, el texto no puede haberse publicado anteriormente en otras antologías o revistas (pero puede haber aparecido en blogs y foros).
  4. El autor retiene todos los derechos sobre su obra, excepto retirarla de la antología.
  5. Puede firmarse con nombre real o nom de plume.
  6. Extensión no menor de 1 000 palabras y no mayor de 5 000.
  7. Límite de participación: a determinarse por el foro si será solo un texto, o si se aceptarán múltiples textos por autor.
  8. Fecha límite de entrega: 31 de mayo del 2012.
  9. Período de edición y de maquetación: pendiente a determinarse, posiblemente menos de un mes.
  10. Cada texto se someterá a revisión y edición por el foro en privado.
  11. Se publicará con precio gratis, y se promocionará por medios virtuales.
  12. Se creará un blog exclusivo para la antología y para presentación de los autores.
  13.  

DNAZ, admin

martes, 1 de mayo de 2012

ENCUENTROS Y DESENCUENTROS (historias paralelas)


Ese día Mela se levanto con una idea incrustada en su cabeza; algo que no dejaba de mover como la lengua a una muela picada.

¿QUÉ SERIA DEL MUNDO, SIN MELA?
¿QUÉ SERIA DE ESTA VIDA, SI MELA NO HUBIERA NACIDO?
¡O mejor aun!
¿QUE SERIA DEL MUNDO, SI MELA MURIERA?

Se deslizo por la habitación con pesada losa sobre su espalda. Los pensamientos, buitres negros, revoloteaban por su cerebro; se calzo los pies con los desgastados tenis blancos. Esos que alguna vez costaron más de 1500 pesos. Se lavo la cara, se cepillaría los dientes; pero desde haces tres días se acabo la pasta.

Bajo con los demás. Allí estaban sus hermanos, su mamá, los miraba con fastidio; con grave desprecio. Odiaba con ansias asesinas a su madre; joven y bonita. La detestaba porque a pesar de sus atributos físicos, se desistía en romper su viudez.

Mela por ser mujer, tarde o temprano tendría que arrastrar con la carga de una mujer enlutada. Por otro lado su hermano menor, el Benjamín, le inspiraba en ocasiones una infinita lastima, a sus pocos años se podía adivinar un destino magro, como la de todos ellos.  Hastiado y cansado, pronto solo sería una sombra más que vaga por las habitaciones en busca de comida y cobijo. Creyó que eran como sucias cucarachas cobardes.

Cucarachas que hacen sonidos como palabras. Palabras que todas las mañanas desoían; los gritos de la madre que suplicaba un momento de tregua; en el andar de su hija mayor. Pero Mela no solo la odiaba, sino que la ignoraba peregrinamente.
Como tantas veces, sin hablar, sin desayunar, sin un gesto condescendiente; azoto la puerta tras de sí.

Afuera el aire frío la ahogo con más furia. A las 8 a.m. la gente se aglutina a todo aquello que se mueva, primero se forma en filas que los transportes colectivos engullen convenientemente;  para después irlos escupiendo a lo largo de su serpétanteo.
Cuando llego a la casa editorial (donde labora desde un tiempo) solo hallo lo mismo que tanto se afanaba en escapar, hastió y apatía. De lo mismo que están hecho los demonios católicos.
Su trabajo consiste en la revisión topográfica de una revista cultural; que sin tener un gran tiraje, era muy conocida en la ciudad. Por medio de compañeros universitarios, logro el empleo. Al principio le agrado conocer gente culta, interesante, muy inteligente, pronto se dio cuenta de su mal apreciación de las cosas. Acabo aburriéndose de tanta indolencia.
La mentada cultura es un asco gubernamental y particular. Poco es el interés que despierta una revista enana, de contenido intelectual. Lo comercial, lo vendible son las revistas amarillistas, las de farándulas; la vida hueca y estúpidas de las estrellas plásticas. En segundo lugar las revistas para hombres, unas muy “light,” otras que de tanto proponérselo parecen (sin serlo nunca) eróticas. Y las mas de veras pornográficas, (por mera definición de la palabra), con hombres y mujeres en abierta actitud representiva de una sociedad doble moralista, pueril y transgresora de sus propias reglas mancas.

En un lugar muy apartado colocadas estratégicamente, en los puestos de periódicos, están los libros semanal, el libro vaquero, el libro rojo etc., solo guiones baratos de aspirantes frustrados, que no se animan en saltar de las buenas intenciones; a los estilistas actos pornográficos que ilustran lo que es una buena follada a una buena cojida.

Por último, pero muy al último, aisladas y rodeadas de un halo hipócrita se encuentran las revistas culturales, donde lo “cool” es la moda de los pequeños snobs, que entre cigarros de marihuana, inhalaciones de coca se turnan para medio pensar como joder al prójimo sin que este se dé cuenta.

Mela se percato de todo esa podredumbre; ella se mantiene ajena al falso glamur de estas otras estrellas. Lo tolera por que al menos deja de ser más ordinaria que de costumbre, pues juntando todo, tiene una visión más real de las condiciones del país y del mundo. Solo así podía explicar la sonrisa sosa del velador, la estúpida estampa del golpeador domestico, la cadena de oro del padrote, el policía corrupto, de los políticos pendejos e ignorantes, del ejercito, que solo sirve para los días de desfile, de los curitas esos degenerados ensotándoos, de las monjas, viejas matronas, que llevan al limite su masoquismo libertino. De las madres que educan a su hijas para ser una buenas prostitutas y a los hijos unos perfectos cabrones.

Comprobaba siempre lo infeliz de la vida. Seria esa la causa de sus pensamientos matutinos, que ahora al subir el sol más arriba abrumaban pesadamente su cuerpo, casi sin poder caminar.

Tarde.
 La noche abriga la ciudad con un ropón negro; Mela se pierde entre la muchedumbre que asalta la manzana. Serian las 6, 7,  u 8, como saberlo con este horario tan disperso, cualquiera se confunde; aun con el gigantesco reloj que da panorámica a la famosa. Pero pérfida Glorieta de Insurgentes.

En la cosmopolita mini ciudad; encerrada en la macro capital. Estado de sitio, la boca abierta del metro se llena de un ajetreó policíaco. ¿Será un simulacro? ¿Será la habitual redada? Los travestis se notan inquietos, las putitas han abandonado sus esquinas. Junto con la restante fauna humana se arremolinan en un solo punto. Mela misma se contagia con esa agitación; del metro emerge los forenses, traen a cuestas sendas camillas, las sabanas manchadas de sangre fresca, dan testimonio de algo grave. Al menos así  lo piensa...


— ¡Pobre imbécil, mira que quitarse la vida sin más ni más!
—Si tu, pero quedo hecho añicos. ¡Qué espantoso!
—Sale compañero al menos ya tenemos material para los diarios de mañana
—De lo mismo de siempre, ya no jodas cámbiale...

Sin pensárselo baja escaleras, para abordar el convoy que la lleve a su casa, esquiva los rostros llenos de compulsión y miedo de los otros que cruzan los torniquetes de salida. Por un momento fantasea con la posibilidad de ser ella el cuerpo desmembrado, ser ella de quien los diarios hablen con morbo y desfachatez.
Profusamente emocionada suspira hondo. Es como una revelación espiritual; cierra los ojos y se abandona a esa visión rápida. De igual forma sin abrirlos sus pulmones se llenan de un embriagante aroma almizcle y fino perfume. Por fin los abre, enfrente a unos cuantos metros una mujer es descubierta arreglándose la falda, sus dedos brillan con un liquido que escurre hasta el piso.
Tambaleante dirige sus pasos a las escaleras, en eso las miradas de las mujeres se hallan; es una casualidad de las circunstancias proscriptas. Remolinos destinados a lo encuentros y desencuentros. La sorpresa las aturde, pues segundos apenas tendrán para conocerse, mas nunca volver a verse. Una doble sonrisa las convierte en cómplices de sus actos, de sus manías, sus traumas. Son comunes en sus direcciones, las dos la dirige un mismo instinto.

Mela y Emphaya se alejan. Una sale al exterior la otra espera paciente su vagón. Irán cada cual a su destino, sin saber que un lazo invisible las estrecha, con mayor fuerza. Un tercer  par  de ojos, que las escruta por la noches cada que hacen clic en sus ventanas de abandono.




FIN





Fhttp://alcuescar.com/taller/viewtopic.php?f=43&t=812

miércoles, 21 de marzo de 2012

En estos días cumplimos el año en PROSADICTOS...


En estos días cumplimos el año.


Y como sea, raspados, exiliados, olvidados, negados o de repente aparecidos, aun estamos muchos aquí, afianzando lo que en su momento fue la tablita del naufragio.

Gracias dan, gracias, porque a pesar de mis resentimientos, mis caprichos, mis teatritos y demás parafernalia, sigue abierto este foro...

En estas fechas, cumplimos el año y eso es algo de celebrarse, con los amigos, con los compas, con la gente, que con sus granitos fuimos formando este maravilloso sitio de letras.

Que importa, que ahora luzca como una casona de grandes ventanales y puertas de hierro, con muchas salas…  que importa si solo se usa un solo cuarto de todas las habitaciones, es nuestra...

El balón aun esta en los jardines atrás de esta enorme casona, y aun hay algunos que jugamos con él.

Gracias y larga vida a este proyecto.


Sinceramente esos son mis deseos.

mario a.

martes, 20 de marzo de 2012

MONSTRUO

Acabamos de jugar al fútbol. Llueve, y la ropa mojada y llena de lodo nos divierte. Todos somos unos chamaquillos adolescentes que reímos y bromeamos. Chucho es el más escandaloso. Lo sigue Filemón; yo, a corta distancia, voy tras las ocurrencias de todos.
Julieta, mi novia, me mira desde lejos, allá en las tribunas. Es hermosa; a sus dieciséis años está bien desarrollada. Viste una faldita de porrista, de amplio vuelo, y un top rojo con un escote que se derrama por todos lados.

¡Ganamos la final! Compartimos el triunfo y el trofeo de fantasía, como gladiadores olímpicos. La cerveza empieza a correr a raudales. El negro, un chico algo mayor y reservado, bebe y bebe, parece no importarle nada. Mi madre no ve con buenos ojos esta erupción de alegría que nos contagia pero, sin poder hacer mucho, nos la acepta.

Después, la fiesta termina. Chucho y Felipe deciden quedarse en mi casa. El negro se queda echado sobre una pila de cartones; yo, con cierta compasión le paso una cobija. Pobre, me da lástima, nadie le conoce familia o parientes. Encojo los hombros y me voy a dormir, no sin antes encontrarme con mi Julieta. Nos besamos, nos abrazamos... Nuestros cuerpos jóvenes se buscan, las manos hurgan esos caminos tan deliciosos que las horas parecen minutos. A lo lejos alguien prende una radio. Una rítmica melodía de los Beatles llena la casa de melancolía.

Ya es tarde, nos da la una; no somos unos santitos pero somos prudentes. La dejo en la recámara de mi madre, que duerme arremolinada en la cama que tiempo atrás compartió con papa, antes de que él muriera en el accidente de la fábrica. Desde entonces vivimos solos. No quiero causarle un daño más a mi jefa. La música triste de los Beatles sigue; voy hacia mi cuarto. Me siento cansado y exaltado, estoy pensando tonterías. Me quito la ropa y me doy un baño de agua fría pero ni así logro quitarme la calentura que me dejo Julieta. El sopor que deja la lluvia en la tierra seca me enerva. Juego con la idea de seducir a Felipe; total, son juegos de niños que de más morros jugábamos. Pienso, ¿con el Chucho? ¡No! Es más chico. Además no hay confianza. Me encuero por completo; acaricio con pausados movimientos el erecto miembro, que escurre una mielecita trasparente de satisfacción. Me imagino, palpando las nalgas del Felipe, tocando su verga, sopesando sus huevos y luego él, tal vez por efecto de las cervezas, pues quién sabe si hasta me la chupa. Con esos absurdos pensamientos, me dispongo atacar la idea, ponerla en juego.

¡Oh, desilusión! hay alguien más con Felipe. Es otro jugador del equipo, me acerco con sigilo... Es Juan. Juan también se quedó, pero ¿cuando, si no lo vi? En fin... Además, mis intenciones sólo son ocurrencias, puntadas nada más. Tengo sueño; no tengo otro remedio que acostarme con el Chucho, ya sin morbo ni libidinoso afán. Levanto la frazada y me acomodo como puedo. Las luces están apagadas... El sueño se va apoderado de mis ojos, un arrullo va venciendo mis ojos. Giro el cuerpo; inconscientemente pego mi vientre a la espalda de Chucho... Algo viscoso siento. ¡Que raro! Pienso, a lo mejor este wuey se hizo... ¡Pinche menso! No lo pienso, llevo mi mano a ese puerto y luego la subo a mi nariz. Descubro un olor desagradable y enciendo la lámpara del buró: de mis dedos escurre un líquido blanquecino y rojo. Es sangre y semen.
—Chucho, ¿qué te hicieron?
El adormilado se incorpora, me mira con incredulidad, pero al darse cuenta de su estado se espanta, en un acto reflejo se cubre, lastimado.
Los otros también se alarman. "¿Y ahora qué?", se preguntan.
—¡Malditos! ¿Qué te hicieron? —grito y vocifero. Una voraz indignación entra y sale por mis poros. Chucho apenas tiene once años, su madre es la señora que vende tamales todas las mañanas en la esquina de la calle; su padre, es un pobre diablo que apenas lleva un mísero gasto para irla pasando.
Sin miramientos reviso a los otros. Están secos. ¿Quién pudo haber sido? Mi madre alertada por mi escandalera se da cuenta de lo que pasa.
—¿Qué jodido es esto? Y tú, ¿qué haces sin ropa? —me pregunta; ni cuenta me había dado de mi ridículo estado. En eso entra Julieta, ve con estupefacción el grotesco cuadro y sale corriendo.
—¡Maldita sea! Voy a encontrar a quien te hizo esto y voy a matarlo con mis propias manos
Sin asco tomo muestras del esperma de la vil violación. No entiendo para qué pero así lo hago. Sigue lloviendo. El clásico ruido de quien extrae unos compactos me alerta. ¡El negro! Corro hacia él, pero ya no esta. Busco a Julieta, tampoco la hallo. Un grito que llega de la calle previene de algo... Voy a hacia allá; es Julieta, está al lado de otro compañero. Algo se le cae: son los compactos. "¡Tú fuiste!", lo increpo violentamente; él, sin atinar qué hacer, solo retrocede. En su cara adivino el terror de quien es descubierto. De pronto, un banderín de los que se usan para indicar la zona de tiro de esquina es lanzado desde otro punto. Cae directamente en el pecho del violador, cruzándolo de lado a lado.

Me acerqué, invadido por una curiosidad insana. Lo que vi, nunca lo comprendería. No había un solo sujeto, sino que eran dos... Unidos por el mismo tronco, de las manos del negro se zafan unos zapatos.
—Te lo advertí, estúpido, que no lo hicieras. Pero no me hiciste caso... ¡Y ya ves en qué acabó!
Con el ultimó estertor, el otro lado del cuerpo, ese malformado mellizo, del cual el negro solo se conocía, abrió los ojos desmesuradamente... y así quedo.
Después de unos minutos apareció Julieta, completamente enlodada; su ropa tan menuda ahora era más pequeña. La abracé y besé sus labios.
—¡Vámonos antes de que venga la policía —musitó. Nunca supe qué paso... Llegamos a la casa. Mi madre tenía la mirada perdida; a Chucho, sentado, le seguía escurriendo ese líquido de sus intestinos.
—¡Ve a bañarte! —le ordené, mientras con un trapo me secaba la lluvia de esa noche.

FIN



mario a.

miércoles, 14 de marzo de 2012

cementerio que son los blogs


Por qué?


Los blogs, son enormes tumbas de un hermoso cementerio de ideas y cosas?

Cuáles son los motivos para erigir estos monumentos de belleza y fantástica profundidad?

O será solo mi chaparra mirada, que no alcanza mas allá de mis cuatro paredes que me asilan del mundo, de 9pm a 3 am, casi todos los días?

Sepa, no tengo respuestas, como tampoco publico que me las conteste…

Una reflexión más trivial, que no llega a nada.


Saludos

Mario a.